viernes, 19 de agosto de 2011

LA GRAN BODA RUMANA. Por Damián Rubio (Enviado especial a Los Cárpatos)

Castillo de Bran (Rumanía)
Con motivo del enlace de un viejo amigo, el pasado puente de mayo viví una experiencia  única y diferente. No se acude a la celebración de una boda rumana todos los días. En este pequeño artículo intentaré explicar cómo vivimos la boda, y cómo celebran las gentes de este país un evento de este tipo..

La boda tuvo lugar en Poiana Brasov, una estación de esquí situada en los Cárpatos, en la región de Transilvania, la tierra del Prícipe Vlad Tepes “el empalador”, conocido en el mundo entero como Drácula. En realidad Bram Stoker, autor del libro “Drácula” nunca visitó estas tierras, pero se alimentó de la leyenda de Vlad y sus empalamientos, para crear a uno de los personajes más populares en el mundo del terror. Sobre Vlad, cuentan las leyendas que empalaba a sus víctimas (cerca de 100.000 personas murieron víctimas de esta técnica), las hervía vivas, clavaba los turbantes de los otomanos a la cabeza con clavos…A pesar de todo, es considerado héroe nacional al luchar contra los otomanos en su intento de expandir su imperio por Europa.

La imagen de Vlad se utiliza, para todo tipo de souvenirs, y también se usa  para las etiquetas de productos de la zona, incluidos vinos típicos de la zona.
Ciorba
Tras levantarnos a las 3 y media de la madrugada, 3 horas y media de vuelo, otras 3 horas y media de autobús desde Bucarest, llegamos al hotel en Poiana Brasov con hambre voraz. En el restaurante del hotel nos ofrecieron Ciorba ((Pronunciado como 'ʧor.bə; de la palabra turca çorba) es un epónimo de la cocina rumana para definir una sopa que consiste en diversas verduras y carne cocida. El sabor ácido del ciorbă se logra aliñándola con zumo de limón o de forma más tradicional (debido a que Rumanía no tiene una producción buena de cítricos) al borş (trigo fermentado), ácido láctico de la fermentación de la col o sal de limón (ácido cítrico). Es muy frecuente que se le añada apio. Tras la Ciorba y unas pechugas de pollo, nos fuimos a la habitación.

Kürtöskalács
Tras descansar un poco, visitamos Brasov. Donde pudimos degustar algunos platos típicos de la gastronomía local. Paseando por las calles había puestos de kürtőskalács o kürtős kalács.  Es un tipo de pastel que se cocina sobre un cilindro unido a un pincho que se pone sobre un fuego abierto. Originalmente de Transilvania, es famoso como el dulce húngaro más antiguo conocido. Es una cinta fina de masa con levadura, condimentada con canela, a veces incorpora nueces o almendras, y se enrolla alrededor de un cilindro de madera, y se espolvorea con azúcar. Así se obtiene un dulce con forma de rollo. El azúcar se carameliza, y forma una corteza dulce y crujiente. El término procede de kürt, que puede aludir a ‘chimenea’ (kürtő) o a cuerno. Probamos de chocolate y de canela, y ambos eran deliciosos.

Mici
Cenamos en un restaurante con Cristina y Mihail (la hermana de la novia y su marido). Ellos se encargaron de pedir 2 platos típicos: Mici, rollitos o salchichas hechas de carne picada (de cerdo o cordero), asada a la parrilla con hierbas y especias acompañado de patatas fritas (suele tomarse de aperitivo); y Bulz, una mezcla de polenta, queso, huevo y bacon. Acompañamos la cena con una cerveza Ciuc Premium de malta, que no estaba nada mal, tiene poca espuma, ligera casi acuosa (en su composición se usa agua de manantial), pero muy suave y agradable. Y así transcurrió nuestro primer día en Rumania.

A la mañana siguiente (el día de la boda) nos dio tiempo a visitar el Castillo de Bran, donde dice la leyenda que vivió Vlad Tepes. En realidad nunca vivió en el castillo y dudan que ni si quiera lo visitara cuando los otomanos le hicieron prisionero de niño. Alrededor del castillo había puestos de quesos locales y de diferentes souvenirs. Lo más impresionante del castillo es el lugar donde se emplaza,  entre montañas nevadas y tupidos bosques. Tras la visita al castillo volvimos al hotel para prepararnos para la boda.

Se celebró por el rito ortodoxo en una pequeñísima y encantadora iglesia de Poiana Brasov. La ceremonia fue una sucesión de cantos por parte del cura, con intercambios de coronas por parte de los novios, incluidas unas vueltas alrededor del altar, con el cura, padrinos y novios cogidos de las manos.

Una vez finalizada la ceremonia, nos dirigimos al restaurante donde se celebraba el banquete nupcial. Nada más llegar son los novios quienes copa de champan en mano, reciben a los invitados, a los que también se les ofrece una copa de dicho brebaje. A continuación se nos ubica en la mesa correspondiente, y el camarero/a aparece con una bandeja con vino, ron, vodka, whisky…para que empieces “bien” la celebración. Por lo visto en las bodas entre rumanos (no olvidemos que en esta boda, el novio era ripense, y la novia rumana), se ofrece un chupito de un licor fortísimo, pero que a la vista de los estragos que causa a los asistentes, y dada la nacionalidad no rumana de la mayoría de los invitados, los novios decidieron suprimir dicho licor, por el bien de nuestra salud…

Así que son las 15h, tenemos los estómagos vacios y nos estamos apretando un copazo…la cosa puede acabar muy mal…

Hay que explicar una cosa muy importante. En Rumania, una boda consta de muchos platos. Igual que en España pensareis…, pero con una diferencia. En una boda rumana, cada plato se sirve con un intervalo de 2 horas, y tras cada plato se bebe y se baila. Entre comida y comida hubo muchos bailes típicos rumanos (tipo jota rumana…), un grupo tradicional que cantó y bailó, no faltó el ritual de la liga (que ha de ser arrancada a la novia por el novio con la boca, y que luego se lanza cual ramo de novia, a los solteros). Evidentemente también se arrojó el ramo de la novia, y para sorpresa de los invitados, asistimos al tradicional secuestro de la novia por parte de alguien, que tras pedir rescate al novio,  suele concluir con la entrega por parte de éste de un par de botellas de whisky al secuestrador…. Vamos que una boda rumana puede ser larga, variada, llena de sorpresas y se puede alargar incluso todo un fin de semana!!!

Y sin más dilaciones vamos al banquete:

Nuestro primer plato fue servido a las 16:15h. Eran los entrantes. Había tomates rellenos de crema Liptauer, salami de Sibiu (una región de Rumanía), rollito de salmón con apio, paté de hígado de oca con piña, crema de atún con nueces sobre rodaja de lima, higos con láminas de solomillo ahumado, albondiguillas de pollo y ternera con pistacho, y rollito de queso cascaval con granada y kiwi. Con dicho entrante, la mayoría de los invitados estábamos saciados.
Entrantes del Menú de la Boda
Entre el primer plato y el segundo, seguíamos con degustación de cerveza local Timisoreana. Es la cerveza más antigua del país (tiene más de 300 años) y ha recibido varios premios en toda su historia. Sin duda la mejor de las cervezas rumanas.

El segundo plato fue servido a las 18h, y consistía en un bacalao Menier con patatas al natural y limón. Tras el pescado, nos sirvieron un sorbete-helado bávaro de frutas del bosque. La textura era de helado, y era delicioso.
Bacalao Menier

Sorbete bávaro de frutas del bosque


El tercer plato fue servido a las 20:00h. Los famosos sarmales con mamaliguta (polenta), nata y guindilla. Es el plato estrella que no puede faltar en un menú rumano. Son hojas de col (pueden ser agria o dulce, o también espinaca, incluso de tila), rellenas de vaca, cerdo, cordero, pato (incluso los vegetarianos tienen su versión con setas en lugar de carne). Los ingredientes varían según la región. Básicamente se cuece la carne envuelta en verduras, y suele hacerse el día de antes para que los sabores se mezclen más. Un rumano es capaz de comerse una olla entera de sarmales. Les vuelven locos. Yo he degustado en tres ocasiones sarmales, y los mejores fueron los de la boda. Muy suaves, y más ligeros que los que había probado con anterioridad.


Sarmales con mamaliguta
El cuarto plato se sirvió a las 22h. Un dúo de pechuga de pollo y aguja de cerdo con verduras a la parrilla y ensalada de col.


Y por fin, a las 00:30 salió la tarta nupcial con frutas del bosque y mazapán, que estaba exquisita.

Durante toda la comida-merienda-cena, había barra libre de ron, whisky, vodka, vermouth, vino, cerveza…y bufet de frutas naturales y pastelitos variados.

En resumen, la boda en lo que a la comida se refiere, para los estómagos españoles puede resultar copiosa. No estamos acostumbrados a tanta comida. Y aunque bailes y pasen 2 horas entre plato y plato, no te da tiempo a digerir tal cantidad de comida. Sí que es cierto que la comida mitiga los efectos del alcohol, por lo que acabamos mucho mejor de lo esperado.   

Los entrantes, el pescado y la carne no son tan diferentes de los que puedas comer en España. Los sarmales dan el toque propiamente rumano. Estamos acostumbrados a preparar la carne a la plancha, frita o asada, y no a cocerla y envolverla en col. Pero es un plato que en invierno no difiere tanto de comerse un cocido madrileño.

La ceremonia fue bonita, sencilla y diferente. El marco en que aconteció todo fue espectacular, en plenos Cárpatos, en el centro de la misma Transilvania, una tierra de leyendas sangrientas y de terribles historias.

La ciudad de Brasov está en un valle rodeado de montañas, y tiene un centro histórico muy bello, muy centroeuropeo, con terrazas y restaurantes modernos por donde perderse, que contrastan con viejos edificios e iglesias.

Pasamos un gran fin de semana en un país que nos sorprendió en todos los sentidos, y que recomiendo sin duda alguna. Un viaje que culminó con la gran boda rumana de un gran amigo.

Damián Rubio
Enviado especial a Los Cárpatos